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SARS-COV-2 y obesidad, una pareja peligrosa

Durante esta terrible pandemia que se ha extendido por todo el mundo quedan todavía muchas incógnitas que aclarar respecto a la fisiopatología del SARS-CoV-2, cuál es su mejor tratamiento, factores pronósticos, etc.

En la bibliografía reciente, la mayoría de los trabajos provienen de China, donde la prevalencia de obesidad es baja. En ellos se cita la hipertensión arterial, la DM, las enfermedades respiratorias y las cardiacas como los factores de riesgo más frecuentes para desarrollar complicaciones en los pacientes COVID-19. Sin embargo, en España, la prevalencia de sobrepeso alcanza el 61% y estamos observando muchos pacientes con sobrepeso/obesidad, incluso sin ninguna otra enfermedad y relativamente jóvenes, que terminan necesitando ingreso en la unidad de cuidados intensivos. Este problema ya ha sido descrito en Gran Bretaña y se está empezando a analizar en Estados Unidos, donde los afroamericanos, cuya tasa de obesidad es la más alta de USA (49%) están teniendo la mayor letalidad entre los pacientes COVID-19.

Aportamos una hipótesis novedosa para tratar de explicar cómo la obesidad es un factor de mal pronóstico para los pacientes COVID-19.

El SARS-CoV-2 es un virus ARN con una elevada capacidad de contagio que produce un cuadro leve en el 70-80% de los pacientes y en el resto de los casos se describe principalmente neumonía, aunque hay también alteraciones de la coagulación, problemas renales y otras patologías que agravan la situación.

El COVID-19 se extendió por Madrid como un tsunami desde principios de marzo 2020 y la mayor parte de la bibliografía, de origen chino, describía que los pacientes COVID-19 con criterios de gravedad, tenían edad avanzada y/o alguna enfermedad asociada: DM, hipertensión arterial (HTA), cardiopatías, inmunosupresión, problemas respiratorios crónicos, etc.

La obesidad es otra pandemia del siglo XXI que se incluye en el llamado síndrome metabólico junto con la HTA, la DM y la hiperlipidemia. En China, la prevalencia de obesidad se ha triplicado en las últimas décadas (14%) pero sigue siendo baja si se compara con los países occidentales. Los pacientes con obesidad sufren un incremento de macrófagos activados en su tejido adiposo que favorece la resistencia a la insulina y la producción excesiva de citoquinas como la interleuquina 6 (IL-6) o el factor de necrosis tumoral (TNF). Esto explica la alta frecuencia de enfermedades autoinmunes crónicas que desarrollan las personas con obesidad/sobrepeso.

En la evolución del COVID-19, algunos pacientes desarrollan una tormenta de citoquinas que está implicada directamente en la aparición del síndrome de distress respiratorio agudo, y agrava su pronóstico. Inicialmente no se recomienda el uso de corticoides intravenosos en el tratamiento de los pacientes con neumonía COVID-19 pero si se observa un incremento significativo de algunos marcadores de respuesta inflamatoria, como la ferritina o la proteína C reactiva, la terapia con bolos de corticoides puede ayudar a revertir/mejorar dicha situación. En este sentido se encuentra la terapia experimental con tocilizumab, un inhibidor selectivo de la IL-6.

Por lo tanto, el SARS-CoV-2 puede encontrar un terreno fértil en los sujetos obesos, donde sembrar su caótica y letal tormenta de citoquinas.

En el Hospital General Universitario Gregorio Marañón hemos podido constatar que el 88% de los pacientes COVID-19 ingresados en la UCI tenían sobrepeso y el 50% obesidad. En Gran Bretaña se realiza un registro frecuente sobre los pacientes COVID-19 que requieren terapia intensiva en las unidades de críticos y la tasa de sobrepeso en ellos es del 72,5 %.

Otro problema serio que está llamando poderosamente la atención en periódicos de gran tirada de EEUU es la frecuencia con la que enferman los afroamericanos y la letalidad que tiene en ellos el SARS-CoV-2. Las explicaciones del New York Times o del Chicago Tribune se centran en las malas condiciones laborales que impiden el teletrabajo, la pobreza y el hacinamiento en las casas, la falta de seguros médicos y el abandono de la salud. Como consecuencia tienen tasas de HTA, DM, dislipemia y trastornos cardiovasculares más altas que los norteamericanos de otras etnias. Concretamente, el 68% de los muertos por COVID-19 de Chicago han sido afroamericanos. ¿Hay algo más que pueda explicar esta cifra tan demoledora?

La prevalencia de obesidad en EEUU es del 42% y curiosamente, la subpoblación con mayor tasa de obesidad es la afroamericana con un 49%. Quizás este factor, unido a los comentados en los periódicos estadounidenses, explique mejor una realidad sobrecogedora. Esta “plaga” avanza muy rápido y no sabemos dónde va a llegar y cómo finalizará. Estudios futuros podrán confirmar el papel de la obesidad como factor de mal pronóstico en la infección por SARS-CoV-2.

 

Jorge de Tomás Palacios,
Hospital General Universitario Gregorio Marañon 
Hospital Beata María Ana

 

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